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martes, 2 de abril de 2013

Reflexiones sobre el respeto

Estimado lector, no soy filósofo, ni educador, ni sicólogo. Pero igual creo que tengo credenciales suficientes como para compartir con usted estas reflexiones.

En mi abultado currículum se incluyen 51 años de experiencia como hijo, 12 años de experiencia como padre, 35 años de experiencia como empleado, 25 años de experiencia con personal a cargo, 17 años de experiencia como esposo y varios etcétera más.

Y el punto en común que aprendí de toda esa experiencia es:

"El respeto NO SE IMPONE. El respeto SE GANA"

 Sí, sí... lo sé... usted estará pensando "Más de lo mismo... este individuo cree que descubrió la pólvora con esa frase". Sé que mucho se habla y escribe sobre este tema, incluso usando la misma frase que yo acabo de usar. Pero, sin embargo, aún seguimos escuchando frases como "su aspecto impone respeto", "respetame porque soy tu padre", "vos a mi no me faltes el respeto", "hay que respetarlo porque es el jefe"...

Confundimos el ejercicio de la autoridad y la debida obediencia con el respeto y aún, a veces, confundimo el temor que alguien nos causa con una supuesta imposición de respeto hacia esa persona.

Querido amigo, elevar la voz, propinar un golpe, poner cara de malo... no hará que sea más respetado ni por sus empleados, ni por sus hijos, ni por sus padres, ni por sus vecinos, ni por nadie en este mundo.

Si cree que usted no es capaz de lograr que otros compartan su forma de ver y sentir las cosas y estar de acuerdo con usted acerca de "la manera correcta de hacer las cosas" y trata de imponer esa visión con gritos, golpes o malas caras, entonces el primero que se está faltando el respeto es usted mismo.

El respeto nace dentro de nosotros mismos y está íntimamente relacionado con nuestros sentimientos y nuestras convicciones. Y, si recuerda el párrafo anterior, con nuestra autoestima.

Pasa por la aceptación (del otro y de nosotros mismos), por conocernos profundamente en nuestros defectos y nuestras virtudes para, sin dejar de tratar de mejorar los unos y potenciar las otras, aceptarnos como seres imperfectos y, desde esa posición, aceptar también las imperfecciones de los demás.

De esta forma, podremos contagiar nuestras virtudes y ser contagiados con las virtudes de los demás, podremos tolerar y tolerarnos, podremos mantener una sana y sólida relación con todos los seres que nos rodean, hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados. Podremos, en definitiva SER RESPETADOS y RESPETAR, que lo uno sin lo otro, no existe.     
 

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