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miércoles, 7 de octubre de 2015

El sistema educativo y los niños con altas capacidades

Estos días estuve leyendo bastante sobre este tema, y me pareció importante compartir con mis lectores un análisis, personal y subjetivo, como siempre, y escrito por alguien que no es especialista en la materia, pero que pretende poner el tema sobre el tapete, motivar el debate y generar acciones que pueden ser muy importantes tanto a nivel individual como a nivel de una estrategia país que apunte al futuro, al progreso y al desarrollo.
Los niños con altas capacidades, no son "genios", tampoco "superdotados" en la acepción que le damos coloquialmente al término ni, mucho menos, bichos raros. Se trata de niños que tienen una capacidad intelectual algo superior al promedio y se estima que, a nivel de la población mundial, son uno de cada siete niños. Un simple cálculo nos permite concluír que, si esa distribución se da en Uruguay, habría en nuestro país unos cien mil niños en esta condición. En cualquier grupo escolar de treinta alumnos, unos cuatro o cinco serían niños con altas capacidades.
El sistema educativo uruguayo y, por lo que estuve leyendo, también el de muchos países, aún desarrollados, aún desde sus objetivos expresados públicamente, tiende a asegurar resultados mínimos, y no a promover resultados óptimos. Los planes de estudio y la metodología de enseñanza son rígidos y adaptados a un promedio, donde los extremos, aquellos que no alcanzan la capacidad promedio, y aquellos que la superan, pueden sentirse excluídos y desmotivados.
Aún así, tengo la impresión de que se han desarrollado más herramientas para detectar y atender a los primeros que a los segundos.
Un niño con altas capacidades, tiene necesidades diferentes, incluso desde el punto de vista afectivo. Se trata de niños que son muy sensibles a los problemas de los demás y a los aspectos éticos y morales, como la violencia y la injusticia.
Son muy vulnerables a problemas sociales, como el acoso, el bullying y la exclusión.
Ven al mundo de una manera diferente, son cuestionadores de métodos y prácticas, suelen proponer soluciones diferentes a los planteos de los docentes, integran conocimientos adquiridos en otras áreas, a la que estén estudiando en ese momento. Si esto no es comprendido por docentes y padres, si no se proporcionan los estímulos y la contención adecuada, el niño genera problemas con los demás y consigo mismo. El se sabe diferente y necesita ser aceptado y que se le proporcionen las adaptaciones que requiere para progresar.
No son pocos los niños que terminan fracasando en su escolarización,  o con trastornos neuróticos por no haberse diagnosticado a tiempo que se trata de niños con altas capacidades. O, peor aún, cuando se ha hecho un diagnóstico equivocado.
Me gustaría saber cuantos docentes y sicólogos de las escuelas están preparados para reconocer y apoyar a estos niños. Ojalá sean muchos, no lo sé. También me gustaría saber con que herramientas contarían, en caso de poder diagnosticarlos.
Educar a un niño desde la felicidad y la inclusión, debería ser un objetivo básico de cualquier sistema educativo. Pero, además, estos niños tienen un gran potencial para, como adultos, encontrar soluciones alternativas a muchos de los problemas que hoy aquejan a la humanidad. Pero el potencial es sólo eso... una cualidad "en potencia" que si no se desarrolla, si los adultos no les ayudamos a desarrollarla, se convierte en algo no solamente inútil, sino perjudicial para el desarrollo del niño.
Es para pensarlo.

miércoles, 17 de abril de 2013

Reflexiones sobre el castigo

En el ejercicio de la potestad disciplinaria que nos haya tocado en suerte, algunas veces (y generalmente a disgusto) deberemos aplicar un castigo.
La experiencia me ha enseñado que para que el castigo no deje un sabor amargo a quien lo aplica ni genere rencor en quien lo recibe, algunas reglas deben ser respetadas.

  1. El castigo debe ser efectivo. Esto es, la "pérdida" originada por el castigo debe ser mayor que la "ganancia" por reincidir en la mala conducta. Si yo a un niño, por ejemplo, lo castigo con no ir al cine porque no quiso hacer los deberes y al chico le resulta muy aburrido hacer los deberes y muy poco placentero ir al cine... seguirá sin hacer los deberes.
  2. El castigo debe ser gradual. No puedo aplicar, a la primera vez que alguien bajo nuestra potestad disciplinaria comete una falta, un castigo demasiado severo. Porque ante la reiteración de la falta, si se produce, me voy a quedar sin alternativas drásticas, y eso no es bueno para ninguna de las dos partes involucradas.
  3. El castigo debe ser aplicado sin denigrar. El castigado es, ante todo, un ser humano, y su dignidad debe ser preservada a toda costa. En la medida de lo posible el castigo se aplicará en privado y, si no, por lo menos se tratará de evitar que genere faltas de respeto de otros, en cuyo caso, también deberán ser castigados por tal motivo. Y, por supuesto, no deben aplicarse, en ningún caso, castigos que conlleven la humillación del castigado.
  4. Los errores no se castigan. Se castiga la negligencia, o la inconducta realizada con plena conciencia e intención de hacerla. Al que no aprende se le enseña, una y otra vez, si es necesario.
Si le fue útil lo que yo aplico... me alegro. Y, si no, por favor no me castigue muy severamente.

martes, 2 de abril de 2013

Reflexiones sobre el respeto

Estimado lector, no soy filósofo, ni educador, ni sicólogo. Pero igual creo que tengo credenciales suficientes como para compartir con usted estas reflexiones.

En mi abultado currículum se incluyen 51 años de experiencia como hijo, 12 años de experiencia como padre, 35 años de experiencia como empleado, 25 años de experiencia con personal a cargo, 17 años de experiencia como esposo y varios etcétera más.

Y el punto en común que aprendí de toda esa experiencia es:


"El respeto NO SE IMPONE. El respeto SE GANA"

 Sí, sí... lo sé... usted estará pensando "Más de lo mismo... este individuo cree que descubrió la pólvora con esa frase". Sé que mucho se habla y escribe sobre este tema, incluso usando la misma frase que yo acabo de usar. Pero, sin embargo, aún seguimos escuchando frases como "su aspecto impone respeto", "respetame porque soy tu padre", "vos a mi no me faltes el respeto", "hay que respetarlo porque es el jefe"...

Confundimos el ejercicio de la autoridad y la debida obediencia con el respeto y aún, a veces, confundimo el temor que alguien nos causa con una supuesta imposición de respeto hacia esa persona.

Querido amigo, elevar la voz, propinar un golpe, poner cara de malo... no hará que sea más respetado ni por sus empleados, ni por sus hijos, ni por sus padres, ni por sus vecinos, ni por nadie en este mundo.

Si cree que usted no es capaz de lograr que otros compartan su forma de ver y sentir las cosas y estar de acuerdo con usted acerca de "la manera correcta de hacer las cosas" y trata de imponer esa visión con gritos, golpes o malas caras, entonces el primero que se está faltando el respeto es usted mismo.

El respeto nace dentro de nosotros mismos y está íntimamente relacionado con nuestros sentimientos y nuestras convicciones. Y, si recuerda el párrafo anterior, con nuestra autoestima.

Pasa por la aceptación (del otro y de nosotros mismos), por conocernos profundamente en nuestros defectos y nuestras virtudes para, sin dejar de tratar de mejorar los unos y potenciar las otras, aceptarnos como seres imperfectos y, desde esa posición, aceptar también las imperfecciones de los demás.

De esta forma, podremos contagiar nuestras virtudes y ser contagiados con las virtudes de los demás, podremos tolerar y tolerarnos, podremos mantener una sana y sólida relación con todos los seres que nos rodean, hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados. Podremos, en definitiva SER RESPETADOS y RESPETAR, que lo uno sin lo otro, no existe.     

viernes, 15 de junio de 2012

Educando para el Uruguay de 2030

En la mañana de hoy, asistimos a un foro organizado por ACDE, titulado "Proyecto de Nación - Uruguay 2030", que contó con la participación de los senadores Pedro Bordaberry y Jorge Larrañaga, y del presidente de ANCAP, Raúl Sendic.
Los distinguidos expositores plantearon allí su visión estratégica del Uruguay de dentro de dieciocho años, y propusieron las acciones que estimaron necesarias para alcanzarla.
Hubo acuerdo en que uno de los factores, probablemente el más importante, para lograr en 2030 el Uruguay que todos queremos, es mejorar sustancialmente la educación de nuestros niños y jóvenes.
Decidí escribir esta entrada de mi blog para comentar ese aspecto pero, estimado lector, le advierto que no espere encontrar aquí un sesudo análisis político, ni la opinión de un experto en alguna materia. Es tan sólo la opinión de un ciudadano de a pie que también entiende que es crítico para el bienestar futuro de nuesra nación que la educación sea la adecuada para desarrollarse en el mundo en el que estamos insertos.
Por deformación profesional, tendemos a encarar los problemas basados en un correcto diagnóstico y en los principios de la calidad.
Nos parece que el tema educación se debe un diagnóstico integral, serio y responsable, que abarque toda la complejidad del problema.
De nada sirve resolver los graves problemas edilicios de los centros educativos públicos, si luego no tenemos docentes calificados para llenarlos. Y de nada sirve tener docentes calificados, si no tenemos alumnos que concurran asiduamente a las clases. Y si tenemos el local, los docentes y los alumnos, pero los contenidos educativos no están alineados con las necesidades de los educandos para su desarrollo e inserción en la sociedad en la que viven, tampoco sirve de nada.

La primera tarea debería ser entonces llegar a un acuerdo educativo, pero un acuerdo del que surja cuántos locales necesitamos, en que lugares, de que características, cuantas horas docentes se dictarán, que perfil deben tener los docentes, cual será el contenido de esos programas.

Hoy se habló de enseñar menos historia y de que las ecuaciones de segundo grado podrían no ser imprescindibles para desarrollarse como una persona exitosa. Francamente, no me parece mal, si un correcto análisis previo comprueba que ello es así. Y, cuidado, no tergiversemos la idea. Estamos hablando de cambiar contenidos. No de achicar contenidos. Nadie habla de hacer más fácil el pasaje por la enseñanza primaria y secundaria. Hablamos de que el 100% del tiempo que el chico pasa en el aula, lo pase aprendiendo conceptos útiles, que el contenido de los programas sea motivador, para cada edad y realidad.

Quizá, ni siquiera fuera necesario que un chico aprobara todas las materias para poder acceder a la enseñanza terciaria. De pronto un sistema de créditos podría decir que un chico no podrá hacer tal carrera, pero si tal otra. ¿Por qué no?

Para tener una enseñanza de calidad, se deben conocer y aplicar los principios de la calidad. Los clientes en la enseñanza son, en primer lugar, los educandos. Por eso hablamos de que los contenidos, los horarios, los métodos, deben ser adaptados y apropiados para los chicos de hoy. En segundo lugar, la sociedad toda. Del trabajo de estos chicos de hoy, dependerá, entre otras cosas, la seguridad social del mañana. Ellos serán nuestros médicos, nuestros mecánicos, nuestros gobernantes. Debemos darles las herramientas necesarias para que lo logren.

Debe haber un liderazgo firme, capaz de operar estos cambios. Un liderazgo implica autoridades que sepan mantener el rumbo firme, con destino en la meta planteada, sin dejarse presionar por intereses sectoriales. Esto no es obstáculo para que todos los involucrados, educadores, educandos, sector empresarial, sean consultados y participen en la gestión y evaluación del sistema.

Debe encararse la educación como un proceso que comienza en los hogares desde el momento del nacimiento y donde el "producto" será un joven capacitado según sus aptitudes individuales y únicas, potenciadas por el sistema educativo. "Producto" además capaz de "reciclarse" y "reconvertirse" cada vez que sea necesario en un mundo cada vez más rápidamente cambiante.

Deben estar identificados todos los factores que interactúan con estos procesos, la alimentación, la financiación, el ingreso de las familias, el trabajo, etc.

Y debe existir una evaluación continua de los resultados y un sistema que se retroalimente para la mejora continua.

Tal vez todo esto suena demasiado "industrial" e impersonal. Pero no. Entendemos que sólo desde este enfoque lograremos promover y desarrollar a nuestros hijos. Y no hay nada más emocional y afectivo que esto. Estamos hablando además de que la enseñanza no sea una fábrica de personas que tienen todas los mismos conocimientos y con un alto porcentaje de descarte de aquellos que no pueden absorberlos en su totalidad, sino un sistema que potencia las aptitudes de cada uno.

Lo que sí puedo aceptarle, amigo lector, es que diga que es utópico. Para hacer las cosas de esta manera, se necesitan voluntades fuertes, vencer resistencias al cambio, poner el interés general por encima del individual, reasignar fondos, trabajar, trabajar y trabajar... Pero para recorrer un largo camino, nada mejor que comenzar dando el primer paso.